
"Me embargaba una sensación de término o clausura. La vida había llegado, por fin, a su último día. Pronto la humanidad se volcaría en fallecer, en preparar su enfrentamiento con los postreros instantes. La Tierra se desgajaría de su órbita en algún momento y concluiría así el reinado de la excepción. Cualquier gesto, cualquier movimiento, intención o voluntad poseían menos valor que nunca, solo era digno tumbarse a esperar la muerte. La actividad y la esperanza significaban la ignominia, el camino más deplorable hasta el descanso. Desgraciadamente todo eso no era sino una sensación, una emoción, un incierto deseo."
Bitácora sobre literatura y sobre experiencias vitales del autor.
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